Hay días que no te ofrecen nada. Amanece, llega la tarde y luego se esfuma la luz. Son días que pueden pasar dos o tres veces, y siguen siendo iguales a ojos de quien no espera sorprenderse con nada que ofrezca la vida. Esos días normales, cotidianos, rutinarios; que no rompen esquemas, que caminan como los rayos de luz, despacio y sin temor a desaparecer. Son días normales y cualesquiera. Sí, tal vez, pero hoy, en un día normal, el éxito llama a mi puerta. Lo hace despacio y con cautela, como esperando no ser descubierto nunca. Giro la perilla, y lentamento me ciega el sabor de saberte triunfador. Mañana ya no, sino hoy. Hoy...premiado con el 1er lugar en el concurso de periodismo joven de jalisco por una crónica de viaje.lunes, 28 de abril de 2008
A veces llega
Hay días que no te ofrecen nada. Amanece, llega la tarde y luego se esfuma la luz. Son días que pueden pasar dos o tres veces, y siguen siendo iguales a ojos de quien no espera sorprenderse con nada que ofrezca la vida. Esos días normales, cotidianos, rutinarios; que no rompen esquemas, que caminan como los rayos de luz, despacio y sin temor a desaparecer. Son días normales y cualesquiera. Sí, tal vez, pero hoy, en un día normal, el éxito llama a mi puerta. Lo hace despacio y con cautela, como esperando no ser descubierto nunca. Giro la perilla, y lentamento me ciega el sabor de saberte triunfador. Mañana ya no, sino hoy. Hoy...premiado con el 1er lugar en el concurso de periodismo joven de jalisco por una crónica de viaje.domingo, 20 de abril de 2008
Piezas
La falta de amor mata, y revive también. Faltar en la vida es faltar en el amor. Sin amor la vida no es nada, se vuelve soledad, rencor y tristeza. La falta de amor revive, y mata también. Revive con una tímida sonrisa, y mata al que lo sigue esperando. Mata en primavera, cortando las flores más bellas y dejando viva la mala hierba. El amor revive, lo hace con cada sol que escribe luz en tu ventana; sepulta sonrisas y lágrimas cansadas. Sufres queriendo, y también olvidando. ¿Qué hacer entonces? La falta de amor mata, y revive también. Mata con los ojos vendados y un golpe certero, sin distinguir miradas, corazones ni deseos. La falta de amor mata, porque amar es sufrir, y sufres amandoMemorias de mi ciudad
Lo recuerdo como si fuera ayer. El vuelo seis de Aeroméxico descendía rápidamente hacía lo que sería mi nuevo hogar por dos largos meses: París, Francia. Siempre soñé con visitar ese histórico museo en el que se escondía la Monalisa, y por fin tenía la oportunidad de hacerlo. Con maletas en mano, caminé por uno de los pasillos de aquél inmenso aeropuerto hasta encontrar la salida. Casi puedo sentir ese viento intermitente que entraba cada vez que la puerta corrediza del Charles de Gaulle se abría. Algo raro estaba sucediendo, pues sentía el cuerpo cortado, las manos me pesaban y tenía un terrible dolor de cabeza; la altura, tal vez, pero nada de eso podía compararse con la emoción de estar a trece horas de casa y a punto de vivir una nueva etapa. Con miedo, hice el intento de pedir un taxi. Un hombre encorvado y con abrigo peludo tomó mis dos maletas, y las acomodó en el portaequipajes. Enseguida, el taxista oprimió con cautela el GPS que se encontraba sobre el tablero, al parecer buscando que diera un precio más alto, y emprendió el camino. No me extrañó notar que no había felpa sobre el tablero, así que me dediqué a mirar por la ventana para evitar hablar demasiado con el conductor y revelar la nostalgia que sentía por mi país. Con señas y palabras incompletas, logré explicar el lugar a donde debiera llegar en punto de las 10 am para que respetaran mi reservación. Tras un recorrido de casi dos horas, el chofer se detuvo frente a un edificio de aspecto antiguo y descuidado. En la entrada, una alfombra roja manchada y llena de hoyos indicaba el camino a la recepción. El día era gris, triste y con olor a azufre, así que sin pensarlo más, pagué al chofer los 43 euros más 3 de equipaje que me exigía con el ceño fruncido. Adentro no hacía tanto frío, así que me quité el abrigo azul oscuro que tanto pesaba y pregunté por la reservación a mi nombre. Albert, el recepcionista, me hizo saber que aún no estaba listo el cuarto, y que tomaría alrededor de una hora hasta que pudiera entregarme la llave. No me importó esperar, así que me dediqué a leer las revistas viejas que estaban en el estante de la entrada. Al cabo de un rato, me di cuenta que no tenía sueño ni hambre; tampoco me dolían más las manos, y el dolor de cabeza había desaparecido. Me pareció excelente, y sonreí el doble cuando Albert sacó lentamente una pequeña llave dorada de una vitrina llena de polvo. Una vez en el segundo piso, busqué la habitación que tuviera el número 8, hasta darme cuenta que era la que tenía enfrente. Vi la televisión, el diminuto baño, las cortinas afelpadas color ocre, hasta que mis ojos se desviaron súbitamente hacia la cama. De pronto, sentí una atracción inusual, y me recosté en la cama: pude ver a mis padres, llenándome de abrazos, al sobrecargo dando las instrucciones de seguridad, y al sol ocultarse detrás de las nubes; de pronto, todo se volvió negro. Al día siguiente, me percaté que tenía la misma ropa, e incluso, seguía en París. No era un sueño, y aún quedaban dos largos meses en el viejo continente. Sin pensarlo más, saqué ropa limpia, una toalla, y me bañé. Aproveché el escaso desayuno que incluía mi estancia. Devoré el croissant, el vaso de jugo y el botecito de mermelada. ¡Vaya alimento para comenzar mi primer día! Salí a la calle, y pude notar de nuevo el olor a azufre. El piso estaba mojado y las nubes amenazaban con desprenderse del propio cielo. Caminé sin rumbo hasta encontrar la entrada más cercana al metro parisino. Una vez en el túnel, hice un esfuerzo por descifrar cómo funcionaba. Enojado y sin nadie conocido a quién pedir ayuda, compré un boleto y me subí en el primer vagón que se paró frente a mí. Habiendo pasado más de ocho estaciones con el mapa del metro en mis narices, de pronto pude comprenderlo todo. Me bajé en Louvre-Rivoli y corrí a las escaleras eléctricas: sabía lo que estaba a punto de ver en cuanto saliera. Ahí estaba el Museo del Louvre, con su pirámide de cristal reflejando los rayos del sol y siendo admirada por miles de personas que caminaban por los alrededores. No lo pensé dos veces, y corrí a la taquilla para comprar mi boleto. Curiosamente, la fila avanzaba con rapidez y cuando por fin me pidieron el boleto, me invadió una energía tremenda. Recorrí el museo hasta olvidarme de la hora, impresionado por todo lo que albergaba aquél maravilloso lugar. La pintura fue lo que más me impresionó. Ciertamente, es transportarte a cada época mientras contemplas un fresco diferente. Ya en el hotel, me sentí solo, pero no lo suficiente como para impedirme dormir después de un intenso primer día. A la mañana siguiente, hablé con mis padres. Con la voz entrecortada les dije que los quería, al tiempo que me recordaban cuán importante era inscribirme en mi nueva escuela lo antes posible para evitar quedarme fuera. Nervioso, tomé mi mochila y mis papeles. Salí a la calle, y caminé hasta el metro; ya en el vagón, me quedé dormido. Lo que siguió, hoy lo recuerdo como un largo sueño en el que me inscribí a La Sorbonne, hice mi primera amiga, una londinense de nombre Nicola, presenté mi primer examen, me mudé a una casa con una familia y caminé la ciudad una y otra vez, hasta casi cansarme, pero siempre dispuesto a ver más. Cuando volví a abrir los ojos, París desaparecía, y se hacía cada vez más pequeño. Era el final, pero no un final definitivo: volvería después, estaba seguro, así que me recosté con la cabeza en la ventana, suspiré, y deje escurrir las lágrimas. Afuera amanecía, y yo estaba listo para volver a casa.- Crónica para el primer concurso de periodismo joven. Organiza. Agencia Fakto. Guadalajara, Jalisco.
jueves, 17 de abril de 2008
Madrugada
Me arrepiento de escribir, y río. Son esas noches que parecen infinitas, esas que los grillos vuelven un concierto y hacen llegar a mis oídos sordos. Sólo así puedo hacerlo. Solo, en silencio conmigo y para mí. Lápiz, papel y movimiento. Crear para el mundo, también para curar ese ardor de lo que a veces no sale y continúa cautivo. Crear para texturizar una huella pura y sincera, que sienta, viva y vuelva a sentir. Platicarle al papel lo vivido y escuchar su respuesta en tinta oscura. Rasgar la madrugada con un lápiz fecundo de sentimiento, para dormir tranquilo, y en paz. Páginas
Remolinos de cotidianeidad, absurdos como ese girar cíclico que los lleva de aquí para allá, para regresar al mismo lugar de donde alguna vez se vieron nacer. Ese estar perdido se vuelve tristeza para el alma y adormece el corazón, se convierte en ti para acabarte más rápido. Es como estar varado en un mar ávido en tormenta, con lluvia fría y desgarrante en su caer. Gotas frías y cobardes que destruyen tu mundo y extinguen las ilusiones; una lluvia muda y desganada, cayendo sólo por caer, por mojar y ensombrecer el paisaje de una vida sin cuerpo. Esperas un amanecer que sigue atrapado en la noche y anhelas un camino que puedas andar sin tropiezos, a ciegas. Los días pasan uno tras otro sin nada nuevo; el mismo viento, las mismas caras: todo es igual, pero diferente a ti. Lo de antes se volvió tu presente y ser feliz es una broma de mal gusto. Juegas en un tablero de ajedrez en el que siempre estás y estarás en jaque, cuadrado y sin salida. Blanco o negro, no hay más. Pero la vida esconde más colores, muchos más, se acomodan en el inmenso tablero de los sueños. Puedes escogerlos y pintarle a tu vida el matiz de tus humores, siempre con cuidado, sin salirte de la raya. Es un cuaderno que no se puede borrar ni cambiar por otro. Es uno solo, y está en blanco para ti, para él y para ella también. Cuando lo cierres, asegúrate de hacerlo despacio para no despertar a colores viejos y esclavos de mil historias. Ese no saber quién eres ni a dónde vas, irá apareciendo poco a poco, sólo hay que darle vuelta a la página hasta terminar el libro.Mejor Sonreír
Me gusta eso de vencer al coraje y pensar en que el enojo es sólo algo del momento. Cada vez que la ira invade todos tus sentidos, la mirada se desvía, la respiración cambia, los latidos, el parpadeo, la tensión en cada parte de tu cuerpo. Enojarse sólo es bueno cuando no queda otra opción. Y siempre quedan opciones. Vivimos en una realidad con límites imaginarios. Somos nosotros los autores de las paredes con las que casualmente nos topamos un día. Desaparecen y reaparecen cuando queremos. Enojarse es cerrarse a la vida y abrirse al monotonismo donde no se vislumbran nuevos horizontes. Es inyectarse una dosis de muerte en camuflaje. Por eso hoy me voy a enojar; con ganas y mucha energía. Hoy me voy a enojar, con una sonrisa.viernes, 11 de abril de 2008
Un solo México
No podemos negar nuestras raíces, al menos no deberíamos. La continuidad cultural desaparece en la medida en que cada uno de nosotros colocamos en un punto de opacidad nuestros orígenes de lo que fueran nuestros antepasados mesoamericanos: “una de las pocas civilizaciones originales que ha creado la humanidad”. La coexistencia del México imaginario, como lo designa Bonfil Batalla, con el México profundo, representa una endeble línea entre dos posibles futuros. Por un lado, como sostiene el autor, se encuentran una serie de factores negativos que los occidentales, como nos hacemos llamar, hemos descubierto al rechazar y negar nuestras raíces, además de excluir a quienes no sólo las aceptan, sino mantienen una lucha cíclica por ellas; por sus tradiciones y costumbres, su estilo de vida, de organización, estructuración. Así, el autor enfatiza en la invalidez que han dado las pruebas que a lo largo de la historia de México, ha dado la civilización occidental, quienes sólo reconocen a los descendientes indios como un “símbolo de obstáculo y atraso”. El patrimonio cultural de nuestro país debiera ser, precisamente, una fusión entre las dos civilizaciones, en donde se involucren las diferentes características de cada una, para lograr tener un país heterogéneo y plural, algo que sin duda, es el sueño como nación: lograr un proceso de desarrollo, no de sustitución. Es necesaria una reflexión a conciencia que nos haga valorar, aceptar e incluir a las diferentes etnias y grupos sociales de la república, no sólo como crecimiento personal, sino como la posibilidad de consolidarnos como un país unido y estable, que reconoce, valora y respeta su procedencia, sus raíces.jueves, 10 de abril de 2008
El poder de la palabra
Ser comunicólogo. ¿Y...que $#!&¿ es eso? No lo sabes, simplemente lo eres. Despiertas un día y una adrenalina recorre cada vena de tu cuerpo, cada hueso, cada músculo. Estás enfermo y mucho. Esto no se cura. Una vez que descubres el poder de la palabra, escrita, hablada, la sensibilidad se apodera de tus sentidos: puedes pasar toda una tarde filosofando sobre un atardecer y hasta no dormir por seguir pensando en un corto de la semana pasada. Sentir ese hormigueo al ver una y otra vez la misma foto. Escribir un texto y horrorizarte al ver cómo cobran vida las letras. Es sencillo: ser comunicólogo es dejar que lo simple se vuelva complejo y que lo que para muchos pasa inadvertido, para ti sea único. Los estados de ánimo se vuelven intangibles y la vida encuentra un sabor a veces dulce, a veces amargo, pero siempre ese sabor del saberte vivo. Eres comunicólogo, vívelomartes, 1 de abril de 2008
De repente
viernes, 14 de marzo de 2008
Nada
Estoy encerrado. No hay luz, ni sombra. No hay papá, mamá, hermana. El aire de este lugar me marea. Gritar se vuelve silencio con sólo pensarlo. Creo escuchar el ruido de mi cuerpo. Cada respiro y cómo la saliva pasa. Juego a engañarme hasta que me consume el engaño. Las lágrimas rechazan al llanto, y escurren vacías. La soledad me asfixia y una dosis de muerte viene con cada respiro. Penumbra de amor y luz de recuerdo. Se agota el aire y siento cómo resbala la vida. Tranquilo. Aquí no hay nadie, sólo un asesino. Eso, y nada más. Ajeno
No sé si siempre ha sido invisible o si apenas comienza a parecer una ilusión. El mundo necesita amor. Los niños y los adultos. Todos. Todos, excepto yo. Cuando pueda verlo, creeré en él. Mientras tanto, el amor continuará siendo una utopía, un fantasma y una canción que espera ser cantada. Y lo digo una vez más, creyendo en la palabra: ¿qué es realmente el amor?Poesía blanca

Ayer en la noche me asomé por la ventana: un paisaje pintado de blanco mantenía mis ojos perdidos en su brillo. Imponente, única y escandalosa. Luna llena. Suficiente para curar los males de toda enfermedad. Dueña de los ánimos y el sufrimiento. Orquesta de luz, quema el negro y se vuelve cielo nocturno. A los ciegos les devuelve el mundo y a los enamorados una caricia blanca. Lagos y mares se arrodillan y lucen tonos impropios en plata. Dueña del firmamento hasta que las estrellas se rebelan en luz de día. Pareciera que podemos tocarla con sólo estirar la mano, dejarnos llevar y llegar a ella. Jugar y reír hasta volvernos su amiga, y conocer los secretos del mundo. Pero cada noche, una luna diferente se adueña del cielo y lo hace suyo. Y de vida no sabe nada, más que brillar y hacer de la luz una poesía.
Una sola vez
Nunca más volverán los 17. Ya fueron y ya no son. El castigo de crecer y verte nuevo: diferente, cambiado, maduro. La evolución y el tiempo: cuchillos afilados de historia, de pasado y de futuro. Viento de cambio, recuerdo atrapado en la edad, y el porvenir en el mañana. Con cada sol, se desgastan las sombras, la edad, el cuerpo, el amor, la vida. Crecemos al caer el sol y viendo al mundo envuelto en opaca neblina de noche. Nostalgia de ver lo ya visto y sentir lo ya sentido. Respirar y exhalar. Una vez más, y otra, y otra. Tan sólo reír, y hacerlo hasta que se acabe la risa. La vida y la muerte recorren juntas el mismo camino, y al final, la vida sigue siendo un instante de flores perfumadas, aliento de un ocaso, brisa fresca de verano. Y hoy, casi 20. Casi…pero vivo. Eterna vigilia
¿Qué descanso puede tener el domador, si al querer dormir, las letras amenazan con asesinarle? Más al dormir podemos ver más mundos de los que el ojo humano muestra rencoroso, y así empaparnos de vida. No. No daré tregua. Si al escribir muero, será en la batalla. Mientras, tendrán que vivir a los pies de mi pluma.Mi demonio
Es un virus. ¿Por qué cambia? Pareciera que cada minuto adquiere otra forma, otra esencia. Es una espina, enterrada. Tan adentro, que me duele. Desde que mi cuerpo está aquí, lo que antes era mío, ahora me parece ajeno. Ya no es mío. Me mata, pero ¿de quién es ahora? La vida se trata de cambios, vive de ellos, y no siempre llegan en el mejor momento. Y ¿cuál es el mejor momento? A quién le importa: el que sufre, lo hace solo. Y la soledad es un monstruo, un parásito que nos devora en un descuido. ¿Qué tengo? Esto puede no tener cura. No soy de aquí, ni de allá. Soy del viento, de las mareas, de la sequía y el verdor de mi pueblo. Cuando vuelo lejos de mi cabeza, lejos del calabozo de realidad, me vuelvo un ave… y vuelo. Vuelo hacia el sol, buscando desvanecerme con el fulgor del amarillo. Y al caer la noche, me vuelvo la luna. Bella y tosca de frialdad. Una luna que derrite el mar con sus tonos color plata…y se esfuma al nacer el alba. Después vuelvo a ser yo, y sólo yo. Solo y con mi encierro. Es raro que pueda salir, pero una vez afuera todo parece tan limpio, tan puro. Es un hecho: salir no es fácil. Tal vez soy del mundo. Soy una sombra, soy el rocío de la mañana y también las ventiscas del otoño. Soy todo, menos yo. Putas lágrimas, siguen atoradas, y eso duele. Me hierve la sangre de coraje; sólo quiero caer con ellas y evaporarme. Quiero acostarme con el ocaso y esperar no salir al día siguiente. ¿Cuándo llegué a perderme tanto? No encuentro la salida ni la entrada. Calma, sólo estoy perdido…ya vendrá alguien a rescatarme. ¿Y si no vienen? No me asusta mi propio miedo; no quiero pertenecer, sólo ser. Nadie puede verme, y me pierdo en el mutismo de la inexistencia. Cada vez más fuerte, hasta aturdirme. La incomprensión es un virus: nos necesita para vivir y horrorizados le abrimos la puerta. Rápido, más adentro, hasta que somos uno sólo. Entre pálidos rojos, la luz se vuelve opaca, y muere. Ya cuando la noche se pierde en el exceso de negro, la brisa del mar me recoge. La abrazo tan fuerte que no siento mis brazos. Y me voy con ella. Vuelo al horizonte, sin ver atrás de nuevo, y me pierdo con las olas que juegan a hundir los rayos de un sol en agonía.
Tierra y Muerte
Después de haberte conocido, creo que bien podría estar muerto, pero hace frío, no quiero pensar, y los gusanos siguen hurgando dentro de mí procurando no dejar nada.
El domador de letras
Cuantas veces lo soñó. Escribir siempre fue la salida, pero sólo era posible crear cuando las letras se dejaban engañar por excelsos instantes. Pensando que jamás se fundirían con las hebras del papel, arreciaban contra las hojas velozmente sin saber lo que la mano opresora entretejía, coordinada con una mente turbia de pensares ahogados en el tiempo. Habiéndose casado ya con un rompecabezas salpicado de tinta, pedían el divorcio. Era un cáncer que las desbarataba, las libraba de pertenecer, de ser, de existir. Se evaporaban con la lluvia que corría las manchas escritas. Mientras se alejaban del consciente real, sonreían victoriosas. Llorando soberbia, buscaban la resonancia y olvidaban el tiempo. Deseaban entrar de nuevo en el papiro, cerrar el candado de otra historia. Estúpidas e indefensas, se doblegaban al ver desembocar un río caudaloso de emociones, inundado de experiencias; de lo vivido y lo esperado. Volvían a una dictadura asfixiante. Se alineaban formando palabras. Luego eran frases. Sin pavonearse, la luz se escapaba de su cuerpo como el sol desprecia las playas en los ocasos de otoño; les robaba la vida, la autonomía. Habían perecido. Los dedos empuñaban con dolo, la pluma ensangrentada del deseo más puro del triunfo. Animar las letras en laberintos temporales del cosmos literario: la conquista de escribir nuevamente.Cómo extraño París

Cómo extraño París. Extraño su clima afinado por los rayos de un sol oculto en la distancia. Sus aromas difusos y perdidos; se mezclan con el olor a vida, y reviven. Extraño sus cafés, tendidos en la acera, bañando de elegancia las calles, y sus sabores, al mundo. Sus plazas, llenas de gente, de vida, de París de antes y de ahora. Aquellas que fueron extrañas y hoy son tan mías. Cada jardín, explotando de verde, de júbilo y grandeza. Con las primeras ventiscas de noviembre, el otoño se cae con sus hojas. Una tras otra caen cobijando la ciudad de los sueños; la tapizan en la gama moribunda del amarillo. Y sigue siendo bella. Perdida entre nubes, y acariciando el Champs de Mars, la torre inspira a su gente y saluda a la tierra. Por las noches, la ciudad se tapiza de destellos. Un dorado resplandor matiza las calles, las avenidas, los puentes, las casas. La luz transforma la ciudad; la petrifica de belleza. Extraño el metro, la música decorando cada túnel, el suave taconeo del caminar de las personas. Con la melodía que emana de su perfección, abro los ojos. Lo hago lento, pensando sólo en mi deseo. Y estoy ahí, de nuevo, esperando que sea para siempre. Imagino el Jardin des Tuileries y me dejo llevar por el viento, alto, muy alto, para ver mi ciudad con los ojos del aire. Tan pronto como la nostalgia se derrama en suspiros, los Champs Elyseés se abren con el arco al fondo. Y camino. Sus enfilados árboles me cuentan los secretos más viejos, y entre susurros, se cierran para revelar el triunfo en piedra. Cada paso, y te extraño más, París. A veces siento que no debí dejarte; cuándo volveré a verte, a tocarte, a vivirte. La duda me aleja más de ti y devora lo que queda en mí de tu esencia. El tiempo siempre interfiere; me gustaría matarlo, olvidar que existe, y así, sólo así, podría beber sin miedo tu dulzura. Algunas voces perdidas en el deleite de tu figura, cuentan que cada puente tuyo tiene una historia. Los más viejos, rechinan de olvido. Los más nuevos, mienten con su elegancia. Pero tu pasado esta ahí, impregnado de vivencias, de derroches de amor en besos y caricias. Las aguas que pintan tus venas de un azul pálido de invierno, recorren palpitantes el Sena. En ocasiones, recuerdo el gemido de tu pasado que se oía con el ir y venir de sus aguas. Pasó más tiempo. Cuando la luz se desbarataba en tonos de agonía, sólo faltaba un día para renunciar a ti. Era irreal. Al dejarte, abandonaba en tu retrato la silueta de mi alma. Cuando te vi por última vez, fue desde la suavidad de tu cielo. Mis lágrimas bañaron al Sena de tristeza. Por instantes, creí ver como su color cambiaba; se opacaba absorbiéndote la vida. Ardor de un llanto vacío. Mi único deseo volvía a perderse en el sinsabor de mi conciencia, a resguardarse en las abstracciones del recuerdo y encadenarse a la pena del olvido. Algún día regresaré, París; tarde o temprano. Espero que sea pronto, porque hoy: cómo te extraño, París.
sábado, 1 de julio de 2006
Raices...
La palabra basura proviene del latín versūra, derivado de verrĕre, que significa "barrer". Por esto se puede decir que el significado original fue "lo que se ha barrido".La basura no es nueva, nació con el hombre. Conocer la historia de la basura es conocer la historia del mundo ordinario, el de todos los días, en donde resolver los problemas que se generan del desecho diario es un verdadero reto. Y es que conforme ha avanzado la civilización, también se ha ido haciendo más compleja la eliminación de residuos, por las grandes cantidades que a diario se manejan no solo en nuestra ciudad, sino en todo el mundo. La influencia del hombre sobre el equilibrio ecológico data de su aparición sobre la Tierra y ha supuesto una regresión de los sistemas naturales en relación con el estado que se podría suponer más probable, si la especie humana no hubiera existido o no hubiera estado presente en la biosfera terrestre. Recordando un poco de nuestras raíces, vemos a través de los escritos y evidencias de nuestros antepasados Mexicas, la existencia de una diosa que bien podría ser concebida como: la diosa de la basura. Tlazoltéotl era la diosa encargada de limpiar la suciedad, la basura humana y la culpa del amor carnal. Los Mexicas limpiaban escrupulosamente sus casas, calles, templos, azoteas, patios y habitaciones, de la misma manera como hacían su limpieza corporal. Tenían una fiesta en la cual se hacía un barrido general y obligatorio, la de “Ochpaniztli”, en donde dejaban completamente limpios, desde el Templo Mayor hasta las chozas mas pequeñas de la ciudad, de manera que todo era desempolvado y lavado, parte por parte. De ellos se dice, conservamos la costumbre que se tenía de barrer las calles de la ciudad antes de que amaneciera. Cuando llegaron los españoles, traerían costumbres contrarias a ésta limpieza, y de hecho, provocarían enfermedades y epidemias muchas veces debido a esta falta de sanidad que los mexicas tenían para sí mismos y su entorno, misma que hoy en día los mexicanos deberíamos practicar, en honra al pueblo que nos defendió de aquellos sinvergüenzas que, tras iniciar el mestizaje, volvieron de nuestra antigua ciudad, un basurero con el paso de los años. Así, los padres Mexicas, recomendaban a sus hijas que fueran limpias, se lavaran la cara, manos y boca y que de noche se levantaran, velaran, barrieran y no fueran perezosas con el fin de llevar una buena relación con su marido. La limpieza en la ropa personal significaba honestidad, lo contrario era lo bajo, lo vil. A los hombres se les recomendaba mantenerse limpios como símbolo de honestidad y como condición para poder dirigirse a los dioses. Pese a que había diferencias entre los hijos de los nobles que asistían al calmécac donde se les daba educación sobre las artes, historia y religión, también efectuaban trabajos de limpieza al igual que los jóvenes que ingresaban al telpochcalli a recibir educación para las obras públicas y la guerra, a los cuales se les asignaban el dragado de canales y limpieza de las calles. En la época de Moctezuma Xocoyotzin, Tenochtitlán semejaba ser un espejo de tanta limpieza que tenía. Cuentan los historiadores que el emperador se bañaba todos los días, a veces más de una vez, por lo cual tenía muchos baños en sus palacios. No le gustaba ver ociosa a su gente, a la que ponía a barrer para mantener limpia la ciudad y agradar a los dioses. Pero a la llegada de los españoles y después de la batalla y la masacre, Tenochtitlán se convirtió en un lugar con olor a muertos, destrucción, sangre y suciedad. Se acabó la armonía, la limpieza y la salud en esta gran ciudad. La tarea de intentar limpiar vendría después, con la organización implantada por los virreyes para intentar hacer del sitio, un lugar habitable y con reglas para tratar de sobrevivir a las pestes e infecciones. Lo cierto es que después de la era Mexica, no ha vuelto a haber tanta cultura sobre la higiene y conciencia ambiental que hoy en día se busca en la sociedad. Hay veces que las soluciones a nuestro presente implican echar un vistazo a nuestro pasado…a nuestras raíces.
viernes, 23 de junio de 2006
¿Futuro?
La Tragedia está al acecho aun después de tan espantoso suceso como lo fue el tsunami en Asia, dejándonos ante un punto crítico en relación al futuro de la humanidad. Debemos ampliar nuestras mentes y darnos cuenta que nuestro planeta no es solo una gran porción de tierra que nos da comida y vivienda, sino también, un lugar en el que nos necesitamos los unos a los otros para coexistir y mantener el equilibrio que debe de prevalecer por siempre. Si no nos concientizamos del daño que día con día le estamos haciendo a nuestro hogar, muy pronto, así como el tsunami arrasó con todo, la oscuridad invadirá nuestras vidas mandándonos a un profundo abismo, del que esta vez, no habrán bomberos que nos ayuden, ni padres que nos señalen el camino, esta vez, estaremos solos y con rumbo desconocido, que desde hace mucho, estaba predestinado.
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