Nadie hizo mi cama esta mañana. Mi ropa está en el suelo, el frío en su lugar, la luz abandonada, el tiempo en sus instantes. Nadie me llamó a desayunar. La cocina, sola, terriblemente sola, dolía. El silencio perfecto, los sonidos enteros. ¿Qué quieres desayunar?; mis ganas resistían el hambre de tristeza. La distancia de sus risas, el encuentro inesperado, el recuento del día, la comida a media tarde, el deleite de tenernos. Saber que estoy y estamos, a ratos, en palabras y gestos, en los meses tranquilos, cuando estamos los cuatro. Se trata de extrañarlos, de amaestrar el temblor de la mirada, de saborear un par de lágrimas y viajar hasta sus brazos. Cada mañana, entre luces miedosas, despierto, tendido en mí, sabiéndome lejos. No es fácil. Pero afuera, el día despierta, y comienza a caminar sin ayuda de nadie.viernes, 26 de septiembre de 2008
Lejos
Nadie hizo mi cama esta mañana. Mi ropa está en el suelo, el frío en su lugar, la luz abandonada, el tiempo en sus instantes. Nadie me llamó a desayunar. La cocina, sola, terriblemente sola, dolía. El silencio perfecto, los sonidos enteros. ¿Qué quieres desayunar?; mis ganas resistían el hambre de tristeza. La distancia de sus risas, el encuentro inesperado, el recuento del día, la comida a media tarde, el deleite de tenernos. Saber que estoy y estamos, a ratos, en palabras y gestos, en los meses tranquilos, cuando estamos los cuatro. Se trata de extrañarlos, de amaestrar el temblor de la mirada, de saborear un par de lágrimas y viajar hasta sus brazos. Cada mañana, entre luces miedosas, despierto, tendido en mí, sabiéndome lejos. No es fácil. Pero afuera, el día despierta, y comienza a caminar sin ayuda de nadie.Fuimos algo
No fui un mal sueño. Fui alguien en tu sombra, en el aire de tu boca, en la alegría de tus ojos. Fui quien debía ser, en los días que quise, cuando el sol no hablaba y la noche era nuestra. Fui un beso de urgencia al tacto, un parpadeo de luz en la pupila, un escombro de cariño. Fui la risa de tu vientre, el color de tu presencia, la marea de nuestros besos. Fuiste quien quisiste, sin promesas ni palabras huecas. Cada día, el romance de mi esencia, la razón de mis motivos, la llave de la mutua entrega. Fui un valiente por tenerte, por darte a beber de mis ideas, por calmar tu risa en mi tristeza. Fuimos eso que la vida tiene, que la vida esconde, y que pocos saben; eso que la gente busca, llama y teme. Fuimos eso a lo que muchos llaman: amor.Estoy seguro

Estoy seguro que puedo escribir esta noche. Algo en mí se mueve en forma de alfabeto. La primera, segunda y tercera letra forman ya un sentimiento. Es curioso, como las palabras se casan en la línea del tiempo. Y se quedan solas, se van quedando, entre las hojas del olvido. Un día que no conozco, brincan al aire que es la vida, y en la luz que sale de los ojos empiezan a leerse unas a otras. Lo dicen todo, a los oídos que andan en las calles. Nadie entiende: siguen, hablan, gritan. Nadie entiende.
En este mundo de noches, letras y papel, ¿quién es el autor de su propia vida?
Sin presiones
Sin presiones, ni prisas, se quiere, se ama. Sinceramente, en la memoria interna que mata y desgarra, con el tiempo del tiempo, infinito y eterno, se ama. En las horas de abstinencia y soledad, se quiere, se desea. Con el corazón frío, triste, se desprecia. En la mañana, con el rocío que alborota las plantas, se sufre, se calla. Se es hombre, mujer y niño, cuando tener corazón es un castigo y al rato son risas ocultas que se vuelven besos. Sin fuerza, la mano libre que señala a la mirada ausente, que no sabe, que no vive. Los dos se quieren, perdidos en mares de ignorancia. Pero se cansan, y al final del día, cuando nadie mira, cuando el llanto pasa, se ven, se abrazan. Se alejan con la magia del cariño falso, hundido. Corren a escondidas de los ojos del mundo, al rincón de la amargura que arrebata todo. Los va secando, secando. Y de pronto, cuando el ruido es aire y la vida es todo, se detiene el tiempo, y se miran, y callan. Se dan cuenta que ya se han dicho todo. Si te falta el habla
Si te falta el habla, aprovecha. Dilo todo. Saca el miedo, las ganas de saberlo. Saca todo, dilo. Porque mañana serás otro, con un día más encima. Y sabrás que no sabes nada, cuando veas a la luna que no te habla y las mareas en calma. Y cuando puedas hablar de nuevo, seguro de tu vida, de la gente que te mira, sonríele a tus ojos y al aire que respiras: Hoy ya es mañana, y así se pasa la vida.

Desvalido
Qué voy a hacer contigo, desvalido corazón mío. Los lunes pasa el señor de la basura. Se lleva todo, hasta a si mismo. Los viernes, mi cuerpo cansado, alcoholizado de tus besos, libera el temblor de la semana que se acumula y empieza maravillas. No puedo tirarte, ni hacer de mi memoria un derrumbe de recuerdos. A veces necesito de ti todo, del latido de tus manos en mi pecho, de los colores que dibuja tu mirada. Podrías quedarte aquí los martes, cuando nada pasa, y el dolor descansa. Vete el miércoles, cuando los monstruos se asoman y el tirano es mi propia vida. Podrías regresar un domingo como hoy, y volverte mi mano suelta, que escribe en tu deseo de liberarme. Y en la condena de las semanas, al hablarle a mis manos de las tuyas, con los días contando mis latidos, en las horas que me espera la muerte, vuelvo en mi tristeza a entender porqué estoy vivo. Es la hora del día
Me falta la luna para esperar el día. Quiero el blanco en mis ojos, dulce leche, amante y nieve. Quiero a la luna en mi almohada, sin presiones, con sueños eternos, el corazón cansado. Con la luna en la boca, la sonrisa en penumbra y dolores amables, la noche se acorta. Se va armando el día, con el pelaje de la llanura y la piel de las montañas. Poco a poco, en la cara de la noche, el brillo aparece cegando miradas. Se acerca el sol, callando las sombras, creciendo en la hierba. Se sale del cielo, abandona las nubes, la casa del tiempo. Se esfuman las aves nocturnas, volando a horizontes de fulgores y destellos. Mira el cielo. El cielo que es eterno, y suave y perfecto. Es el sol el que te abre los ojos, invitándote a la vida, cantando melodías al alma dormida. Despierta. Es la hora del día, la única. Hay horas
Hay horas en que uno lo sabe todo. Es tan simple, tan insoportable: la carne, el miedo del rostro, el rincón de la cordura. No necesito nada, nadie. Ni el calor del aire, ni la mano de alguien, ni el secreto oculto de las flores. Sé que lo sabes, que lo sé, que ambos sabemos. Lo vi ayer, en el sueño de tus ojos; lo vi hoy, en el tiempo que te tuve; y mañana, en el día que nos tengamos. No quiero saberlo, es cierto. Quedan muchas horas, días, lunas, soles, para darme cuenta, para abrirme los ojos. ¿Pero qué pasa, amor, cuando en tus ojos y en los míos no hay nada, ni una brizna de vacío, ni una excusa de querernos? sábado, 20 de septiembre de 2008
Me estoy volviendo loco
Me estoy volviendo loco. Algo, no sé, lo sé. A media luz, entre la gente, en los camiones. Cuando río y ríe mi presente, entre nubes rojas, con la tarde al borde de la muerte. A solas, en la esquina olvidada de mi cuarto, perdido, entregado a las notas del aire. Me duele, me encanta. Es un loco, un ángel. En mí, en la mano que te escribe, soy un loco. En perderte y no buscarte, en mis noches, en tus manos de aire. Soy otro, en cuerpos que no entiendo, en las ventanas que te miran. El recuerdo, las paredes que se cierran, la asfixia que se viene con la vida. Loco cuando me veo, en la marea de mis días, al hablarme, decirme, llorando. Todo, todo el tiempo, loco, desquiciado: dispuesto a vivir lo que me queda. miércoles, 10 de septiembre de 2008
A las diez
El teléfono suena a las diez cada noche. No engaño a nadie. Siempre, del otro lado, tu voz, tu voz que pareciera cierta, me pide palabras que ya no tengo. Es extraño, ¿sabes? Cada minuto, cuando las sombras del día se arrastran y el aire se lleva todo, lo espero, el timbre, la llamada al mundo que hacemos en la distancia. Dormido, a medio sueño, con los ojos al fuego, te espero y te encuentro: tu mano en mi cuello, tu aroma en mis besos. En silencio, tu piel que acude a la mía, cuando nada importa y la tierra, las flores, el cielo, nos miran y callan. Cada día, a todas horas, me enfrento a todo, al no saber, a no ser nadie. Un fantasma de aire, de estrellas fugaces, muriendo en las horas, en cuerpos de nadie. Sin cuerpo, perdido, acabado. Quiero oírte, entrar en tus ojos, dormirme en tu sueño. Quiero tomar el teléfono esta noche, y lentamente, entre labios, decirte que no sé nada, que el universo es nuestro. Mañana estaré esperando en la cama, a las diez, creyendo otra vez en todo. viernes, 29 de agosto de 2008
Eres
Eres única. Mi máximo, la estrella que el cielo necesita, la flor que renace del invierno, el agua pura del río mas tierno, el perfume limpio que es tu cuerpo. Eres un destello de mis ojos, una rama libre de volverse el infinito, la cascada de derroche con mis besos. A ratos, cuando te veo, y sé que te deseo, que has de ser mía cuando el mar se reencuentre con las nubes del ocaso, tengo de ti todo: tengo tu tiempo que es de ambos, tu iluminado silencio, el tacto que me lleva a tu cabello. Y no necesito más. Me sé completo, vivo, perfecto martes, 26 de agosto de 2008
No quiero levantarme de la cama hoy
No quiero levantarme de la cama hoy. Mi brazo, mi pecho, mi corazón no quiere. Estoy bien aquí, en la sombra del día, en el aroma de tu cuello. Estoy bien, dormido, despierto, a tu lado. Los dos estamos, ausentes en el sueño, en el mismo mundo, con palabras sin cuerpo. Estamos sin poder estarlo. Nos prohibimos la alegría, y nos hundimos en la noche que se viene afuera. No hay nadie, nada. Tus manos, las mías, el cuarto, el frío. Me duele saber que se acaba, que el día amenaza con abrirte los ojos, que no eres tú la que me abraza. Soy feliz a ratos, cuando tu voz está cerca, cuando compartimos la noche en el teléfono. Y en la distancia que nos hiere, en el hambre de las horas por un beso, te declaro, te grito, que te quiero. Pero aquí adentro, debajo de todo, en las sábanas de tu piel y la mía, no hay barreras ni secretos. En mis ojos y en los tuyos, en la luz de tu cabello, en las pláticas sin tiempo, somos, estamos, nos queremos. Afuera se tiñen colores perdidos. Amanece, en tu vida amanece. Y yo te miro, el pedazo de sueño en que descansas, puro, limpio. No quiero levantarme de la cama hoy; y sin decir más, decido quedarme. Por hoy, por hoy. Foto: Miguel Ángel Gutierrez Bonilla
Qué se hace
Ni si quiera escribir me salva de la agonía que es no tenerte. Ya sé, que ayer me dijiste que volara con el sueño de las hojas, al infinito, a donde empieza la locura. Qué se hace, corazón, cuando soy yo el que se niega a dejarte, cuando eres tú la mano que sana mis heridas, cuando nos desconocemos en los ojos. Qué se hace para callar tus labios y morderme la lengua que amenaza con quererte, o con el estorbo del día que cancela mis noches tristes. Qué hago con la línea de mis dedos, y con el aire que aprieta gritos en tu vientre. Qué se hace cuando nadie ayuda, ni sabe, dice nada. Y cuando duermes, y cierras la puerta de tu mundo, o con la lluvia de tus ojos que inunda mis párpados vacíos. Qué hace uno para ayudarse, cuando el futuro sabe a humo y el pasado es un mal sueño, cuando los días caminan lento y el olor de tu desprecio asfixia nuestro encuentro; cuando se es libre de querer al aire, de dormir hasta morirse. Qué se hace, corazón mío, cuando sabe uno que el presente duele, que mañana no habrá nada, que la soledad nos alcanza. ¿Qué se hace, mas que amarnos? Nos acabamos
Se acabó el efecto de tu sueño, del mundo perfecto, de los suspiros sin tiempo. Se acabó mi todo, mi única razón, mis ganas de saberlo. Se acabó tu vida y la mía, el futuro a salvo, el delirio de las horas. Dejé la pluma en tus palabras, en la hebra de mis miedos, durmiendo en tu veneno. Se acabaron las cartas que te hablaban de repente, las películas de dos, las llamadas a tu tacto. Se acabó la urgencia de tenernos, de anidar en tu cuerpo, de hablarle al roce de tus labios. Se acabó el mar de tu recuerdo, el naufragio sin tus besos, la locura del encuentro. El odio de querernos, cueva de mentiras, falsa hipocresía. Se acabó tu figura en el agua, tu sueño en mi nostalgia. Te acabaste en el otoño, con la excusa de dejarme, de volverte estatua del invierno. Me acabé contigo, en la muerte del destino, con las últimas notas, en la hipnosis de la luna. Nos acabamos amor, cuando la eternidad se vuelve piedra y te extraño en el aliento del mañana. Todos los días, a todas horas, nos acabamos, sin saber que nos tenemos. Se puede entender
El viento de la noche es de absoluta confianza. La gente le cuenta sus secretos, le llora su tristeza. El viento silba en espera del habla, se entrega sin miedo, seguro del tiempo, de lo que sabe, de lo que ocultan las gotas de agua. Se amarra a la lluvia, paseando los suelos, volando el otoño. Sale en besos que da la boca, desnuda la piel dormida; se va con la arena, meciendo las olas, jugando en las nubes. Se va el viento, en delicadas frases, con el cielo de enero, en los ojos de nadie. Todos los días, en la hierba del campo, con la miel de los años, lo dice, lo calla. Se cuela por debajo del alma, en las manos del hombre, con la vida contada. Regresa en las noches, cuando nadie escucha, abriendo ventanas, peleando los sueños. Y en la vida del otro, en los minutos ajenos, cuando el sol se encuentra, uno debe escuchar atento, bien despierto; sólo así se puede entender lo que estamos viviendo. jueves, 31 de julio de 2008
Se sabe
En los besos se sabe, con el calor de la boca, en la mirada profunda. Se sabe en la mano que aprieta la mano del otro, en las palabras que perdona la lengua, en el oído callado. Se sabe en el ritmo del aire, cuando el día se enciende y caminan las horas inquietas. En el “te quiero”, “me quieres”, “te extraño”, se olvida que arriba está el cielo y abajo nosotros dos, viéndonos a los ojos, en medio del sol, tomados del alma. Se sabe el amor a pedazos, en frases inciertas, en futuros de nadie. En el abrazo, cuando el cuerpo es el pecho y el corazón el deseo naciente, se sabe, y se entiende. En la distancia, sin uno mismo, sin tus brazos tiernos, en el insomnio de tu ausencia; con la miel de tus labios, tus delicadas y perfectas manos, tu calma de ángel. Sé que te quiero, que lo eres todo, que nadie sabe. Ya lo dije, y estoy tranquilo. Se va y se viene
Se va y se viene todos los días. Se suben y se bajan las escaleras de la enseñanza, del asombro, de la experiencia. Se va y se viene, como la marea abruma las playas quietas. Se sabe que se va cuando los pies caminan, cuando el corazón palpita en las manos. Se sabe que se viene cuando se cruzan los brazos, se escurre el agua tiesa de los ojos. Se va y se viene, todos los días, en los abrazos del mediodía, en la hora de la comida, en la estupenda risa de las tardes de lluvia. En las horas de vida, en las noches de siempre, con la luna en las estrellas y el mar en la poesía. Se van los besos, el tiempo, el terrible tiempo. Pero uno se queda, aferrado al propio aliento, con las gentes de siempre, con la lluvia apagada. Nos quedamos. Solos, libres. Aquí, sentados en la banca de la vida. Y en la mañana, en el rocío de las plantas, en el aire del viento, nos levantamos del sueño, para ir y venir, y seguir viviendo.Tengo ganas de gritar
Tengo unas ganas incontenibles de gritar. Es cierto, que gritar es para los que pierden la paciencia. Pero gritar algunas palabras de las que se escuchan poco: “te quiero”, “qué bella tarde”, “está amaneciendo”, “perdón”, es hacer de la paciencia una bella rima; todos los días, y no olvidar de qué se trata la vida cuando los pequeños momentos lo son todo, y desaparecen en la mirada de la gente que camina a ningún lado. Es sencillo, pues el grito reúne la energía del alma y la esencia del viento. Tengo cuerpo, alma, aire en los pulmones. Quiero gritar, al infinito tiempo, al paraíso. ¿Cuál es el problema entonces?lunes, 21 de julio de 2008
No llevan a nada
Los gritos no llevan a nada. El corazón se cae a pedazos, en cada tono que exprime la garganta. Los ojos, las manos, el llanto. Se junta todo, se vuelve nada. Con el peso del odio, el cariño se extingue, y el coraje amarra lágrimas inciertas. Todos gritan, nadie escucha, se escabulle el silencio. La noche es larga, el grito penetra, mata, derrota. Todos se miran, pero nadie entiende. De pronto, las bocas vacías, los dientes cansados. Todos se miran. En la pupila, espejo de agua, la tristeza oculta. Se encuentran las horas perdidas, el rencor del tiempo. Regresa la calma, y la sangre camina en la mirada. Y el rostro, cubierto de espanto, escucha a la herida que sangra pidiendo una disculpa.
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