viernes, 19 de junio de 2009

Primero que el cielo

Vamos a escribir por escribir. Vamos a encontrar a lo que teme la razón. Perdámonos en la locura, en la desesperación de no saber, de no encontrar. Vamos a entregarnos a la sombra más oscura, a la luna menguante que diluye las mareas. Vamos a escribir un día más para estar juntos, a admirar el cielo que nos une sin pedirlo.

Vamos a perdernos en un bosque de secretos y a fingir que llueve, que se inunda de luz todo esto que vemos. Vamos a reclamarle al tiempo los recuerdos y esperar que sea benevolente, a vivir un día sin naufragar en la distancia. Vamos a seguir, a crecer en las palabras, a olvidar que las paredes se encogen de nostalgia. Es tarde ya, y se escuchan los vacíos.

Tal vez mañana el sol salga primero que el cielo.

martes, 14 de abril de 2009

Es una lástima

Es una lástima que no estés conmigo esta noche.

Preparé la cena, compré un par de velas y pensé que sería bueno escuchar a Bach para variar.
Es una lástima que al mirar el reloj sólo vea tu reflejo que no llega, y el silencio, siempre el silencio.

Porque hoy aprendí que esperar no siempre alivia el fuego de la insatisfacción, de la ausencia, de la necesidad de vocalizar los latidos del momento.

Podría escribir las brasas de tu nombre y esperar que llamaras a la puerta,
que te acercaras en medio del aire y me dieras mil razones para creer que hoy te quiero más que nunca.

Es una lástima que siga viendo el reloj después de todo, y que piense,
por un momento, que tal vez llegarás tarde.

Voy a salir a dar un paseo, lo necesito.

martes, 24 de marzo de 2009

Vapor de tinta

Ya no hay tiempo para escribir. La noche se enfría, se acaba en la luz de las ciudades.

Se acerca la mañana, y yo me encuentro,
me miro en la ceguera del reflejo,

y escribo vapor de tinta.

lunes, 15 de diciembre de 2008

La eternidad está hecha de sueños

La eternidad está hecha de sueños. Es el camino más largo al infinito, el brillo que escapa de la niebla. Es el polvo de la noche, el fuego ardiente del cometa. La eternidad está hecha de miradas lentas, de palabras que nunca se desgastan. Se le va a la gente entre las manos, se la llevan las nubes, las promesas del pasado. Es el antes del momento, la caída de las hojas en silencio. La eternidad de las sonrisas, de las olas que adivinan a las playas. Es la arena del recuerdo, la pasión de los deseos. Son instantes en que duerme el cielo, la caminata desnuda del alma. Es la gota que encamina a la lluvia, un encuentro de cuerpos sin mañana. La eternidad está hecha de piedra, de destinos sin tiempo, del albor inquieto de la nada. Es la razón de los inicios, un sueño a ciegas que no acaba.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Los locos andan por ahí

Los locos andan por ahí. Como fantasmas, en cada paso que no acaba. Dejan la piel en las bancas del parque, toman los camiones a los que no sube la gente. Se van soñando la vida que se inventan, los mundos que no caben en los ojos cuerdos. Andan por las calles de aire, envidiables, sonrientes de la nada. Corren del hervor del tiempo, no dejan rastro de ilusiones, ni ánimos de miedo. Tienen amigos en la tierra, en la luz de los colores, en las dos caras de la luna. Escriben tanto, platican nada. Se beben de la noche las ideas, de los cuerpos la terrible enfermedad de estar despierto. Para ti, y para el mundo, los locos se reservan las palabras, y no dicen, sólo callan.

sábado, 25 de octubre de 2008

Quería llamarte


Hoy supe que quería llamarte, gozar de la niebla que inventamos en la noche. Supe que quería amanecer en el primer respiro de las horas, saliendo como luces pardas de tus labios. Ya era tarde. Tu silencio era un derrumbe, un castigo de pasados, y mis ojos, enterrados en mi cuerpo, se apagaban en las sombras de la noche, en la almohada que a veces lleva tu nombre.

Qué triste, qué cierto: siempre supe que no me llamarías.

Y ahora, anclado al hervor intacto de mis días, encerrado en la luz de tu ventana, cierros los ojos, y sueño.

Encima de la tierra

El clima de Guadalajara vive encima de la tierra. Es un frío suave, disperso, el de octubre. A las tres de la mañana, el asfalto duerme bajo la sombra de las horas; los autos sueñan, la gente camina la vida que no alcanza. La noche va derramando gotas de insomnio en la luna del hombre, va entrando en la historia de las camas, se acurruca en la esquina triste del cansancio. Se caen las ramas, queman la piel divina del aire. El silencio brota del sueño de las plantas, pinta estrellas en el cielo, despierta el eco del último universo. En cada esfera de viento vuela el hambre de saberlo todo, las ganas de encontrarse con las manos del sol, el deseo de vivir por el otoño.

El frío revive el color más fino de las flores, camina en las calles de la piel y enciende la pasión de los respiros: se enfrenta al turbio manjar de la desdicha. Con el clima de octubre se llenan de aire los niños pequeños, los padres beben los sobrantes de la noche, y las madres dormitan en líneas del último cuento. Y hasta la hierba, el cielo, la noche, duerme, palpita mundos en la almohada. Pero yo, despierto, aferrado al latir de mi cordura, con este clima de puertas infinitas, con miedos que ahuyentan al fantasma que es la vida, me encierro en mi memoria, escribo textos que no existen, y espero ansioso la locura de mis días.

La tienda


En la esquina de Fresno y Tritón está la tienda que los ojos tristes no encuentran. Siempre ha sido muy concurrida, no hay día que no haya una fila de aire en la caja. La felicidad se vende por kilos, por años, y tiene los mejores precios del barrio. Se llena de manos que piden, del dolor que aqueja los corazones sanos. Tiene garantía de servir para el olvido, el desprecio, y el recuento del engaño. Dicen que la puerta aparece a finales de Enero, cuando el sueño del aire está quieto y el sol camina su luz en el cielo.

Yo nunca he ido a la tienda, no he visto ninguna puerta, y estoy sentado al final de la lluvia.

Como nunca

Te quiero como si no hubiera mañana. Como si no hubiera gestos que nos miren, ni nubes que se esconden en el aire, ni esos dolores que aquejan la vida del corazón bueno. Te quiero cuando no lo sabes, entre tus días, cuando se nos viene el mundo en lágrimas que aprendemos a llorar eternamente. Como si todo fuera un respiro del tiempo, te quiero, como si ayer hubiera llovido y brotáramos de la tierra, tiernos, limpios. Como si de esta noche quisiera sólo un par de estrellas que no hablaran, que me dijeran todo lo que no sabemos. Como ayer, como hoy y mañana, te quiero. Te quiero como el día que pude verte en los ojos, el alma. Como aprendiendo a caminar dormido, de la mano del sueño, como si en la vejez olvidara tu rostro, te quiero. Como si el mundo fuera de agua, y nosotros, dos peces libres del cuerpo, una melodía del silencio. Como tu cuello me llama en las mañanas, y el frío de primavera se esconde entre las plantas. Te quiero a mi manera, en los días del calendario, en la locura del encuentro, en las olas suaves de tu pecho. Como el día que nací, te quiero, como un instante del deseo, y en las calles que caminan nuestros besos. Te quiero como nunca, como nunca, podré quererte.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Lejos

Nadie hizo mi cama esta mañana. Mi ropa está en el suelo, el frío en su lugar, la luz abandonada, el tiempo en sus instantes. Nadie me llamó a desayunar. La cocina, sola, terriblemente sola, dolía. El silencio perfecto, los sonidos enteros. ¿Qué quieres desayunar?; mis ganas resistían el hambre de tristeza. La distancia de sus risas, el encuentro inesperado, el recuento del día, la comida a media tarde, el deleite de tenernos. Saber que estoy y estamos, a ratos, en palabras y gestos, en los meses tranquilos, cuando estamos los cuatro. Se trata de extrañarlos, de amaestrar el temblor de la mirada, de saborear un par de lágrimas y viajar hasta sus brazos. Cada mañana, entre luces miedosas, despierto, tendido en mí, sabiéndome lejos. No es fácil. Pero afuera, el día despierta, y comienza a caminar sin ayuda de nadie.



Fuimos algo

No fui un mal sueño. Fui alguien en tu sombra, en el aire de tu boca, en la alegría de tus ojos. Fui quien debía ser, en los días que quise, cuando el sol no hablaba y la noche era nuestra. Fui un beso de urgencia al tacto, un parpadeo de luz en la pupila, un escombro de cariño. Fui la risa de tu vientre, el color de tu presencia, la marea de nuestros besos. Fuiste quien quisiste, sin promesas ni palabras huecas. Cada día, el romance de mi esencia, la razón de mis motivos, la llave de la mutua entrega. Fui un valiente por tenerte, por darte a beber de mis ideas, por calmar tu risa en mi tristeza. Fuimos eso que la vida tiene, que la vida esconde, y que pocos saben; eso que la gente busca, llama y teme. Fuimos eso a lo que muchos llaman: amor.

Estoy seguro


Estoy seguro que puedo escribir esta noche. Algo en mí se mueve en forma de alfabeto. La primera, segunda y tercera letra forman ya un sentimiento. Es curioso, como las palabras se casan en la línea del tiempo. Y se quedan solas, se van quedando, entre las hojas del olvido. Un día que no conozco, brincan al aire que es la vida, y en la luz que sale de los ojos empiezan a leerse unas a otras. Lo dicen todo, a los oídos que andan en las calles. Nadie entiende: siguen, hablan, gritan. Nadie entiende.

En este mundo de noches, letras y papel, ¿quién es el autor de su propia vida?


Sin presiones

Sin presiones, ni prisas, se quiere, se ama. Sinceramente, en la memoria interna que mata y desgarra, con el tiempo del tiempo, infinito y eterno, se ama. En las horas de abstinencia y soledad, se quiere, se desea. Con el corazón frío, triste, se desprecia. En la mañana, con el rocío que alborota las plantas, se sufre, se calla. Se es hombre, mujer y niño, cuando tener corazón es un castigo y al rato son risas ocultas que se vuelven besos. Sin fuerza, la mano libre que señala a la mirada ausente, que no sabe, que no vive. Los dos se quieren, perdidos en mares de ignorancia. Pero se cansan, y al final del día, cuando nadie mira, cuando el llanto pasa, se ven, se abrazan. Se alejan con la magia del cariño falso, hundido. Corren a escondidas de los ojos del mundo, al rincón de la amargura que arrebata todo. Los va secando, secando. Y de pronto, cuando el ruido es aire y la vida es todo, se detiene el tiempo, y se miran, y callan. Se dan cuenta que ya se han dicho todo.

Si te falta el habla

Si te falta el habla, aprovecha. Dilo todo. Saca el miedo, las ganas de saberlo. Saca todo, dilo. Porque mañana serás otro, con un día más encima. Y sabrás que no sabes nada, cuando veas a la luna que no te habla y las mareas en calma. Y cuando puedas hablar de nuevo, seguro de tu vida, de la gente que te mira, sonríele a tus ojos y al aire que respiras: Hoy ya es mañana, y así se pasa la vida.

Desvalido

Qué voy a hacer contigo, desvalido corazón mío. Los lunes pasa el señor de la basura. Se lleva todo, hasta a si mismo. Los viernes, mi cuerpo cansado, alcoholizado de tus besos, libera el temblor de la semana que se acumula y empieza maravillas. No puedo tirarte, ni hacer de mi memoria un derrumbe de recuerdos. A veces necesito de ti todo, del latido de tus manos en mi pecho, de los colores que dibuja tu mirada. Podrías quedarte aquí los martes, cuando nada pasa, y el dolor descansa. Vete el miércoles, cuando los monstruos se asoman y el tirano es mi propia vida. Podrías regresar un domingo como hoy, y volverte mi mano suelta, que escribe en tu deseo de liberarme. Y en la condena de las semanas, al hablarle a mis manos de las tuyas, con los días contando mis latidos, en las horas que me espera la muerte, vuelvo en mi tristeza a entender porqué estoy vivo.

Me doy cuenta


Es bonito darse cuenta, a veces, al abrir los ojos, en las mañanas de lluvia, con el cielo quebrado, que la vida, la vida que es sólo una, es delicada, suave, y hermosa.

Es la hora del día

Me falta la luna para esperar el día. Quiero el blanco en mis ojos, dulce leche, amante y nieve. Quiero a la luna en mi almohada, sin presiones, con sueños eternos, el corazón cansado. Con la luna en la boca, la sonrisa en penumbra y dolores amables, la noche se acorta. Se va armando el día, con el pelaje de la llanura y la piel de las montañas. Poco a poco, en la cara de la noche, el brillo aparece cegando miradas. Se acerca el sol, callando las sombras, creciendo en la hierba. Se sale del cielo, abandona las nubes, la casa del tiempo. Se esfuman las aves nocturnas, volando a horizontes de fulgores y destellos. Mira el cielo. El cielo que es eterno, y suave y perfecto. Es el sol el que te abre los ojos, invitándote a la vida, cantando melodías al alma dormida. Despierta. Es la hora del día, la única.

Hay horas

Hay horas en que uno lo sabe todo. Es tan simple, tan insoportable: la carne, el miedo del rostro, el rincón de la cordura. No necesito nada, nadie. Ni el calor del aire, ni la mano de alguien, ni el secreto oculto de las flores. Sé que lo sabes, que lo sé, que ambos sabemos. Lo vi ayer, en el sueño de tus ojos; lo vi hoy, en el tiempo que te tuve; y mañana, en el día que nos tengamos. No quiero saberlo, es cierto. Quedan muchas horas, días, lunas, soles, para darme cuenta, para abrirme los ojos. ¿Pero qué pasa, amor, cuando en tus ojos y en los míos no hay nada, ni una brizna de vacío, ni una excusa de querernos?

sábado, 20 de septiembre de 2008

Me estoy volviendo loco

Me estoy volviendo loco. Algo, no sé, lo sé. A media luz, entre la gente, en los camiones. Cuando río y ríe mi presente, entre nubes rojas, con la tarde al borde de la muerte. A solas, en la esquina olvidada de mi cuarto, perdido, entregado a las notas del aire. Me duele, me encanta. Es un loco, un ángel. En mí, en la mano que te escribe, soy un loco. En perderte y no buscarte, en mis noches, en tus manos de aire. Soy otro, en cuerpos que no entiendo, en las ventanas que te miran. El recuerdo, las paredes que se cierran, la asfixia que se viene con la vida. Loco cuando me veo, en la marea de mis días, al hablarme, decirme, llorando. Todo, todo el tiempo, loco, desquiciado: dispuesto a vivir lo que me queda.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

A las diez

El teléfono suena a las diez cada noche. No engaño a nadie. Siempre, del otro lado, tu voz, tu voz que pareciera cierta, me pide palabras que ya no tengo. Es extraño, ¿sabes? Cada minuto, cuando las sombras del día se arrastran y el aire se lleva todo, lo espero, el timbre, la llamada al mundo que hacemos en la distancia. Dormido, a medio sueño, con los ojos al fuego, te espero y te encuentro: tu mano en mi cuello, tu aroma en mis besos. En silencio, tu piel que acude a la mía, cuando nada importa y la tierra, las flores, el cielo, nos miran y callan. Cada día, a todas horas, me enfrento a todo, al no saber, a no ser nadie. Un fantasma de aire, de estrellas fugaces, muriendo en las horas, en cuerpos de nadie. Sin cuerpo, perdido, acabado. Quiero oírte, entrar en tus ojos, dormirme en tu sueño. Quiero tomar el teléfono esta noche, y lentamente, entre labios, decirte que no sé nada, que el universo es nuestro. Mañana estaré esperando en la cama, a las diez, creyendo otra vez en todo.