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Desde mayo de este año, los sommeliers mexicanos Adolfo Calderón y Gabriel Reynoso, decidieron compartir su pasión con los amantes de la cultura del vino en Los Cabos.
Debajo de la tierra / cualquier silencio / es una palabra.
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Desde mayo de este año, los sommeliers mexicanos Adolfo Calderón y Gabriel Reynoso, decidieron compartir su pasión con los amantes de la cultura del vino en Los Cabos.
En la quietud de los secretos, 2009
Sobre el otoño, 2006
Mirada de luz, 2007
En la mira, 2009
Encuentro con la vida, 2009
Dicen los dioses, 2009
La ventana, 2009
Contigo, 2008
Charco y piedras, 2007
La batalla, 2008
El llamado, 2007
El camino, 2007
Arterias de luz, 20068tava emisión del Programa de Radio Cultural Dime Poesía.
Un encuentro con la palabra, la cultura y las artes.
En este fragmento del programa entrevistamos a Adriana López Acosta después de haber escuchado su material literario grabado y musicalizado; además, hacia el final de la primera parte del programa, la escuchamos cantar en vivo una de sus canciones "Detrás de la puerta".
Para descargar el programa de radio completo, pueden ingresar a la siguiente dirección:
http://cid-ed47e537353cd44b.skydrive.live.com/browse.aspx/Programa%20de%20Radio%20Dime%20Poes%c3%ada
Locutores: Guillermo Jáuregui, Natalia de Alba, José Luis Blanquet
Invitada: Adriana López-Acosta
Fecha: Jueves 24 de septiembre de 2009
Vamos a escribir por escribir. Vamos a encontrar a lo que teme la razón. Perdámonos en la locura, en la desesperación de no saber, de no encontrar. Vamos a entregarnos a la sombra más oscura, a la luna menguante que diluye las mareas. Vamos a escribir un día más para estar juntos, a admirar el cielo que nos une sin pedirlo.
Vamos a perdernos en un bosque de secretos y a fingir que llueve, que se inunda de luz todo esto que vemos. Vamos a reclamarle al tiempo los recuerdos y esperar que sea benevolente, a vivir un día sin naufragar en la distancia. Vamos a seguir, a crecer en las palabras, a olvidar que las paredes se encogen de nostalgia. Es tarde ya, y se escuchan los vacíos.
Tal vez mañana el sol salga primero que el cielo.
Es una lástima que no estés conmigo esta noche.
Preparé la cena, compré un par de velas y pensé que sería bueno escuchar a Bach para variar.
Es una lástima que al mirar el reloj sólo vea tu reflejo que no llega, y el silencio, siempre el silencio.
Porque hoy aprendí que esperar no siempre alivia el fuego de la insatisfacción, de la ausencia, de la necesidad de vocalizar los latidos del momento.

Ya no hay tiempo para escribir. La noche se enfría, se acaba en la luz de las ciudades.
y escribo vapor de tinta.

La eternidad está hecha de sueños. Es el camino más largo al infinito, el brillo que escapa de la niebla. Es el polvo de la noche, el fuego ardiente del cometa. La eternidad está hecha de miradas lentas, de palabras que nunca se desgastan. Se le va a la gente entre las manos, se la llevan las nubes, las promesas del pasado. Es el antes del momento, la caída de las hojas en silencio. La eternidad de las sonrisas, de las olas que adivinan a las playas. Es la arena del recuerdo, la pasión de los deseos. Son instantes en que duerme el cielo, la caminata desnuda del alma. Es la gota que encamina a la lluvia, un encuentro de cuerpos sin mañana. La eternidad está hecha de piedra, de destinos sin tiempo, del albor inquieto de la nada. Es la razón de los inicios, un sueño a ciegas que no acaba.
Los locos andan por ahí. Como fantasmas, en cada paso que no acaba. Dejan la piel en las bancas del parque, toman los camiones a los que no sube la gente. Se van soñando la vida que se inventan, los mundos que no caben en los ojos cuerdos. Andan por las calles de aire, envidiables, sonrientes de la nada. Corren del hervor del tiempo, no dejan rastro de ilusiones, ni ánimos de miedo. Tienen amigos en la tierra, en la luz de los colores, en las dos caras de la luna. Escriben tanto, platican nada. Se beben de la noche las ideas, de los cuerpos la terrible enfermedad de estar despierto. Para ti, y para el mundo, los locos se reservan las palabras, y no dicen, sólo callan. 
El clima de Guadalajara vive encima de la tierra. Es un frío suave, disperso, el de octubre. A las tres de la mañana, el asfalto duerme bajo la sombra de las horas; los autos sueñan, la gente camina la vida que no alcanza. La noche va derramando gotas de insomnio en la luna del hombre, va entrando en la historia de las camas, se acurruca en la esquina triste del cansancio. Se caen las ramas, queman la piel divina del aire. El silencio brota del sueño de las plantas, pinta estrellas en el cielo, despierta el eco del último universo. En cada esfera de viento vuela el hambre de saberlo todo, las ganas de encontrarse con las manos del sol, el deseo de vivir por el otoño. 
Te quiero como si no hubiera mañana. Como si no hubiera gestos que nos miren, ni nubes que se esconden en el aire, ni esos dolores que aquejan la vida del corazón bueno. Te quiero cuando no lo sabes, entre tus días, cuando se nos viene el mundo en lágrimas que aprendemos a llorar eternamente. Como si todo fuera un respiro del tiempo, te quiero, como si ayer hubiera llovido y brotáramos de la tierra, tiernos, limpios. Como si de esta noche quisiera sólo un par de estrellas que no hablaran, que me dijeran todo lo que no sabemos. Como ayer, como hoy y mañana, te quiero. Te quiero como el día que pude verte en los ojos, el alma. Como aprendiendo a caminar dormido, de la mano del sueño, como si en la vejez olvidara tu rostro, te quiero. Como si el mundo fuera de agua, y nosotros, dos peces libres del cuerpo, una melodía del silencio. Como tu cuello me llama en las mañanas, y el frío de primavera se esconde entre las plantas. Te quiero a mi manera, en los días del calendario, en la locura del encuentro, en las olas suaves de tu pecho. Como el día que nací, te quiero, como un instante del deseo, y en las calles que caminan nuestros besos. Te quiero como nunca, como nunca, podré quererte.
Nadie hizo mi cama esta mañana. Mi ropa está en el suelo, el frío en su lugar, la luz abandonada, el tiempo en sus instantes. Nadie me llamó a desayunar. La cocina, sola, terriblemente sola, dolía. El silencio perfecto, los sonidos enteros. ¿Qué quieres desayunar?; mis ganas resistían el hambre de tristeza. La distancia de sus risas, el encuentro inesperado, el recuento del día, la comida a media tarde, el deleite de tenernos. Saber que estoy y estamos, a ratos, en palabras y gestos, en los meses tranquilos, cuando estamos los cuatro. Se trata de extrañarlos, de amaestrar el temblor de la mirada, de saborear un par de lágrimas y viajar hasta sus brazos. Cada mañana, entre luces miedosas, despierto, tendido en mí, sabiéndome lejos. No es fácil. Pero afuera, el día despierta, y comienza a caminar sin ayuda de nadie.
No fui un mal sueño. Fui alguien en tu sombra, en el aire de tu boca, en la alegría de tus ojos. Fui quien debía ser, en los días que quise, cuando el sol no hablaba y la noche era nuestra. Fui un beso de urgencia al tacto, un parpadeo de luz en la pupila, un escombro de cariño. Fui la risa de tu vientre, el color de tu presencia, la marea de nuestros besos. Fuiste quien quisiste, sin promesas ni palabras huecas. Cada día, el romance de mi esencia, la razón de mis motivos, la llave de la mutua entrega. Fui un valiente por tenerte, por darte a beber de mis ideas, por calmar tu risa en mi tristeza. Fuimos eso que la vida tiene, que la vida esconde, y que pocos saben; eso que la gente busca, llama y teme. Fuimos eso a lo que muchos llaman: amor.
Estoy seguro que puedo escribir esta noche. Algo en mí se mueve en forma de alfabeto. La primera, segunda y tercera letra forman ya un sentimiento. Es curioso, como las palabras se casan en la línea del tiempo. Y se quedan solas, se van quedando, entre las hojas del olvido. Un día que no conozco, brincan al aire que es la vida, y en la luz que sale de los ojos empiezan a leerse unas a otras. Lo dicen todo, a los oídos que andan en las calles. Nadie entiende: siguen, hablan, gritan. Nadie entiende.
En este mundo de noches, letras y papel, ¿quién es el autor de su propia vida?
Sin presiones, ni prisas, se quiere, se ama. Sinceramente, en la memoria interna que mata y desgarra, con el tiempo del tiempo, infinito y eterno, se ama. En las horas de abstinencia y soledad, se quiere, se desea. Con el corazón frío, triste, se desprecia. En la mañana, con el rocío que alborota las plantas, se sufre, se calla. Se es hombre, mujer y niño, cuando tener corazón es un castigo y al rato son risas ocultas que se vuelven besos. Sin fuerza, la mano libre que señala a la mirada ausente, que no sabe, que no vive. Los dos se quieren, perdidos en mares de ignorancia. Pero se cansan, y al final del día, cuando nadie mira, cuando el llanto pasa, se ven, se abrazan. Se alejan con la magia del cariño falso, hundido. Corren a escondidas de los ojos del mundo, al rincón de la amargura que arrebata todo. Los va secando, secando. Y de pronto, cuando el ruido es aire y la vida es todo, se detiene el tiempo, y se miran, y callan. Se dan cuenta que ya se han dicho todo. 
Qué voy a hacer contigo, desvalido corazón mío. Los lunes pasa el señor de la basura. Se lleva todo, hasta a si mismo. Los viernes, mi cuerpo cansado, alcoholizado de tus besos, libera el temblor de la semana que se acumula y empieza maravillas. No puedo tirarte, ni hacer de mi memoria un derrumbe de recuerdos. A veces necesito de ti todo, del latido de tus manos en mi pecho, de los colores que dibuja tu mirada. Podrías quedarte aquí los martes, cuando nada pasa, y el dolor descansa. Vete el miércoles, cuando los monstruos se asoman y el tirano es mi propia vida. Podrías regresar un domingo como hoy, y volverte mi mano suelta, que escribe en tu deseo de liberarme. Y en la condena de las semanas, al hablarle a mis manos de las tuyas, con los días contando mis latidos, en las horas que me espera la muerte, vuelvo en mi tristeza a entender porqué estoy vivo.